Salmos 127:4-5

 Mi esposa y yo nos casamos, relativamente jóvenes. Ella tenía veintiún años y yo veintitrés. No nos imaginábamos el gran desafío que estábamos emprendiendo y muy temprano nos correspondió entender que no solo estábamos casados, sino, que ahora éramos padres. Pues dos herederos al trono habían llegado a nuestra casa. Dos hijos maravillosos.

  Cuando miro hacia atrás y veo los tiempos cuando eran niños, luego cuando eran chicos y ahora que ya están de mi misma estatura, me sorprendo de gratitud a Dios. ¿Cómo dos chicos inexpertos pueden procrear dos hombres llenos de vida y con una visión imparable ante la misma? La respuesta la he conseguido siempre en este salmo: “Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos”.

  Es una alegría muy grande tener a los hijos cuando somos jóvenes. Hay una belleza en ese acto que no logro descubrirla. Es una belleza que me produce alegría. Mucho gozo. Algunas veces cuando salgo con mis hijos, o cuando hacemos algún trabajo juntos, ocurre un milagro en esos actos que los puedo describir como el rejuvenecimiento espiritual. La pasión de ellos y su anhelos por lograr sus metas, me hacen recordar cuando yo tenía su edad y vuelvo a vivir. Me lleno de alegría, levanto mis ojos al horizonte y lanzo de nuevo mis saetas, para que vuelen tan alto como puedan.

 Hoy cuando miro hacia el futuro veo con claridad meridiana el día que lanzamos nuestras saetas. ¿Saben cuál fue ese día? En nuestro caso fue un domingo en la mañana en una de las iglesias más emblemáticas de mi país. Ahí junto a mi amada esposa, un hombre de Dios de intachable testimonio, tomó a mis hijos en sus brazos y los presentó al dador de la vida. Ese domingo esas saetas fueron enviadas, y al recordar ese momento puedo ver perfectamente que ese día se marcó su destino.

Permítanme recordarles, amados lectores. Que todos los actos que hacemos por nuestros hijos delante de Dios son sagrados y el destino nos mostrará que Él los escribe en su libro de memorias. Amén 

Pres. Nehemias Y Esther Parra.
Pastores en iglesia Cuadrangular en Indianápolis y coordinadores de la campaña Global: Flechas